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Qué tomar y qué no tomar cuando salimos de terraceo.

Ah, el vicio tan español de las terrazas en verano… ¡tantos placeres cómo le debemos! Y es que con el buen tiempo, cualquier momento es bueno para salir a tomar algo por ahí con los amigos, los compañeros de trabajo… lo único menos bueno es que a veces, sin ser conscientes de ello, vamos sumando calorías y calorías… lo que nos puede llegar a agobiar un poco con la báscula y empujarnos a empezar a pensar en reducir las terrazas. ¡Y eso sí que no! Que seguir una alimentación saludable y equilibrada no es sinónimo de prohibirnos los pequeños o grandes placeres… simplemente debemos tener en cuenta unos consejos prácticos para elegir las mejores opciones en nuestras salidas. Ante la duda, hay que recordar que el estilo de vida mediterráneo, el nuestro, no es únicamente una comida sana y hacer ejercicio físico, sino también las relaciones sociales. Así que vamos a comentar unos trucos fáciles y sencillos para aunar el disfrute y el cuidado del cuerpo.

 

En primer lugar, hablaremos de lo que se bebe y, para ser positivos, nos centraremos en lo que sí se puede tomar sin entrar en el feo vicio de las prohibiciones. Por ejemplo, como de reducir calorías se trata, lo primero que hay que saber es que el alcohol proporciona muchas calorías. Así que si nos gustan esas bebidas, es evidente que hay que decantarse por las fermentadas antes que por los destilados que, además, suelen mezclarse. De ellas, una de las menos calóricas es la cerveza. Y, como ya habrás oído, lo de la ‘barriga cervecera’ es mentira así que olvídalo. Una caña de cerveza tiene alrededor de 90 Kcal. así que nos tememos que algunos le han echado la culpa de la panza para no pensar demasiado… o para buscarse la excusa de no dejar la chistorra o las cortezas. Lógicamente, habrá que contar las que te tomas, porque si te excedes todo suma.

 

De todos modos, oh milagro de la ciencia, en España hay una sensacional cerveza ‘sin’ que no tiene más que 30 Kcal la misma cantidad. Y como no estamos hoy para hablar de salud en mayúsculas sino tan solo de diversión y terraza… nos olvidaremos de las vitaminas, los minerales y los antioxidantes que también nos aporta la bebida rubia.

 

Qué queréis, es un viejo truco pero que en la terraza funciona de miedo… esa cerveza con limón. Aunque ya que tenemos encima de la mesa el cítrico, aquí somos también muy partidarios del agua con gas bien fría y una generosa rodaja (o zumo recién exprimido) de limón.

 

Otra cosa bien diferente y que hay que mirar con extremado cariño es lo que comemos o, mejor aún, picoteamos. Porque aquí está el quid de la cuestión para no ascender en el escalafón calórico. Las fritangas pueden ser exquisitas, lo sabemos. Esas raciones de croquetas, de calamares rebozados. También los frutos secos, ‘esos de tragar sin parar y sin bajar la vista mientras miramos el fútbol o la serie en la tele’ (sobre todo si además son fritos y salados), las rodajitas tan ricas de embutidos, las tostas con bien de queso fundido… pero, creednos, es el momento de ser selectivos y lanzarnos en picado a por los encurtidos, que tienen un valor calórico ridículo. El bolsillo puede, a lo mejor, no estar tan de acuerdo con nosotros, pero no cabe duda de que si de aunar placer y pocas calorías se trata, los campeones en lata o en cáscara nos aguardan: los mejillones al vapor, las coquinas, los berberechos, las navajas, cigalas… ¿habrá alguien al que no le gusten algunos de estos amigos marítimos? O si preferimos el producto más terrestre, el tradicional y nunca mejorado jamón tampoco se alejará de nuestro objetivo.

 

En fin, el peligro de la tentación dijo el fraile que dependía casi siempre de las veces que merodeaba. Así que sales de terraza alguna vez, de cuando en cuando, de pascuas a ramos… pues relájate y disfruta de lo que te apetezca. Pero si eres de los que abusan, ya sabes: a releer estos consejos desde el principio.