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Despidamos el verano

El año pasado el verano acabó allá por el mes de octubre y, en algunos sitios, a mediados de noviembre. Cosas del cambio climático, dicen. Así ocurrió: que conozco gente que se pasó haciendo las tradicionales cenas de ‘fin de verano’ desde primeros de septiembre y con una frecuencia de una semanal. Echen cuentas.

 

La primera vez que se repitió la susodicha cena fue divertido, sin duda. Incluso la segunda. Lo peor vino cuando al resto de la panda y aun a los meramente conocidos les dio por ‘no quedar mal’ y corresponder con otras tantas cenas que luego se convirtieron en comidas (porque anochecer sí que seguía anocheciendo a su hora, bendito sea) e incluso en meriendas. Y menos mal, porque empezamos a temer que el inglés del grupo quisiera aportar su patriótico té de las cinco.

 

Este año, ojalá que recemos todos para que el cambio climático no sea más que una falsa alarma. Que Trump por una vez en su vida no ande desencaminado y el famoso cuñado de Rajoy pueda sacar pecho y subrayar lo de ya os lo había dicho yo. Al menos este año, que el próximo dios proveerá. El objetivo es que este verano SOLO tengamos una cena (cenaza) de despedida veraniega. Con sus correspondientes e inevitables recidivas y devoluciones, claro.

 

No sé porqué me suelen pedir consejos para conseguir una comilona, ágape o francachela buena, rica y saludable. Si es que en sí mismo la cosa no tiene sentido… ESA fiesta que os montáis con los amiguetes tiene una característica común con las bodas, los bautizos, los funerales, los divorcios y otras efemérides como el que un equipo de futbol de Madrid (que no viste de blanco) gane algo. Lo habéis adivinado: todas ellas son ocasiones raras, esporádicas, que ocurren de pascuas a ramos. Excepto últimamente los divorcios. O sea que relajaos. Ese día… dentro de las reglas del menos común de los sentidos, sed libres a la mesa. Que la alegría y la convivencia también alimentan y nutren. Más que un bocata de jamón ibérico con sus buenas rodajas de tomate. Aunque ya os habréis fijado en una palabra clave: esporádico. A muchos esto les suena a griego. O relativo a unas islas situadas allá por el mar Tirreno, donde quiera que esté ese cacho de océano. Pero es que esa palabra (o sus sinónimos) contiene lo esencial que distingue a un adulto sano sanote de otro que va acumulando desperfectos de chapa y pintura… el famoso ‘estilo de vida saludable’ que significa que las excepciones, excepciones son.

 

¿Y de beber? No creo que sea un notición revelar que a muchos les gusta beber desaforadamente en estas ocasiones. Y no precisamente agüita de la fuente aun siendo precisamente lo más recomendable. En fin, ya que me preguntan, a ver si me hacen caso: en lo posible, procurad que lo comestible de la súpercena no sea salado (o muy salado) ni graso (o muy graso). En caso contrario, la sal y la grasa os animarán a beber mucho (o demasiado). Por eso es importante, y no es una bobada, que haya siempre a mano en la mesa jarras o botellas de agua fresca. Para ‘lavar’ la lengua y refrescar el paladar después de hacer comido algo muy graso, salado o ‘sabroso’. Si lo hacéis con otras bebidas, usualmente calóricas (o muy calóricas) la cantidad total que beberéis… os sorprendería. Poner copas más pequeñas (o llenarlas poco) no es mala idea para reducir la ingesta de esas bebidas. Y desde luego, ojo: ciertas personas NUNCA deberían tomar bebidas alcohólicas: mujeres embarazadas o en lactancia, menores de edad, personas con ciertas enfermedades, los que vayan después a conducir, etc.

 

Fin de verano y calor casi siempre son sinónimos. Así que para rematar estos consejos, nada mejor que ofrecer cerveza sin alcohol para los que les guste la cerveza y la pidan. Así se disminuirá la cantidad total de alcohol ingerido. Y si se bebe con alcohol, ya sabéis la regla del sentido común: mirad la etiqueta para saber cuanto alcohol tiene esa marca y no pasar de las dos unidades (caña o similar) para los amigos y una unidad para las amigas.

 

Y aprovechad. Que nos quedan muchos veranos por disfrutar con salud. Y sentido común.

 

Jesús Román