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alimentos vacaciones

Las vacaciones piden organizarse bien para comer sano.

Estamos en pleno verano y eso significa salir mucho más a tomar algo, ir de viaje, pasar días en la playa o de excursión por el campo… Lo cual dificulta seguir los hábitos de alimentación que acostumbramos a hacer en nuestra rutina. Sobre todo cuando hacemos un viaje muy largo en coche, autobús, tren… la solución más fácil es la que a menudo solemos elegir: vamos picoteando aquí o allá o simplemente a menudo el desplazamiento coincide con la hora de comer y hay que parar sí o sí. Aunque no tengamos apetito o el sitio no sea lo más apetecible del mundo. Por eso es importante ser precavido e ir provistos de  suficiente munición saludable para no acabar tomando cualquier cosa que vendan en las gasolineras o engullendo la típica bolsa de patatas fritas, que un día pueden salvarnos pero dos días seguidos son casi un delito cuando se convierten en plato único.

 

Cierto, no hay que insistir que ya lo sabemos todos. ¡Hay ciertas opciones opciones que deberíamos restringir más! Esas que  precisamente son nuestra primera elección porque son más fáciles de tomar y las tenemos a mano vayamos donde vayamos: los productos ultraprocesados. Palabras mágicas que no sabemos muy bien qué designan pero que suenan fatal y que se han convertido en sinónimo de película de terror para nuestras arterias y posaderas. Vale, tampoco exageremos y veamos todo por el lado positivo: en el fondo, ningunos somos tontos y ya sabemos que hay cosas que sirven para llenar el estómago y quitar el apetito pero que no pueden llamarse comida porque les falta un detalle esencial… justo, lo que pensabais… ¡mi abuela jamás se lo comería! Son esos elementos que reinan dentro de bolsas y envases de plástico y que se  caracterizan por proporcionar calorías vacías, es decir, en cuanto te descuidas te metes entre pecho y espalda una cantidad ingente de calorías sin que en paralelo haya un aporte adecuado de nutrientes necesarios (vitaminas, minerales, etc.) Ya sabemos todos a los que nos referimos. Pero es que, además, estos productos son muy palatables (o sea, que están ricos, ricos que dice el cocinero) sobre todo si te pillan con hambre. Pero a la vez son poco saciantes, con lo que son una invitación a seguir cebándonos.

 

Como somos de dar soluciones e instruir deleitando, aquí van unos consejitos para no excederse del placer esporádico tapona arterias: sal de casa preparada con alimentos saludables que tener listos para tomar fácilmente en cuanto se nos abra el apetito. Por ejemplo… estamos hablando de bolsitas de frutos secos naturales que aunque son altamente energéticos son ricos en grasas saludables, fibra y minerales. La ración sería de unos 30 a 35 gramos, lo que se transforma en unas 5 nueces, 10-12 almendras, avellanas… que podríamos llevar ya peladas para ahorrar tiempo. O También unos frutos rojos como los arándanos o las ciruelas o higos o dátiles secos que pueden transportarse fácilmente y al ser altos en fibra saciarán el apetito. Que llevamos una nevera para poder mantener los productos frescos, pues mejor que mejor para añadir fruta ya lavada o troceada e incluso yogures donde adicionar los arándanos, los frutos secos… que conformarán una buena combinación y nos saciarán mucho más.

 

Quieras que no, difícil será evitar el dramático momento de la parada parar a comer al mediodía, la cruz de todos los viajes largos con esas deliciosas  y reconfortantes colas de aúpa y una o dos docenas de autocares en el aparcamiento soltando tropa sedienta.  El menú pues ya sabéis: mucha fritanga y bocatas. Pero no asustarse, porque como fuimos precavidos echaremos mano de algo sencillo ya preparado que no nos haya requerido mucho tiempo y que seguro nos ayudará a comer mejor y a tener una digestión más ligerita para no tener sopor. Simplemente con llevar una tarterita (ahora le llaman tupper) en el que hayamos preparado una ensalada variada con algo de proteína como una lata en conserva de atún, sardinillas, melva, un huevo cocido… tendremos un buen plato de comida.

 

Si no vamos a llevar nevera y preferimos un bocadillo sencillo que quepa en el bolso, también podemos recurrir a buenas elecciones. Lo primero escoger un pan integral sea del cereal que sea: harina de trigo integral, harina de centeno integral… Para ello, tendremos que comprobar en la lista de ingredientes del etiquetado nutricional que realmente es pan integral y no harina refinada con un aporte extra de fibra, como suele ser habitual. Si el pan es de panadería también podremos consultarlo para asegurarnos.

 

Para el relleno: las latas en conserva de pescado o marisco como mejillones o calamares, un filete de pollo o pavo con algo de ensalada o unas rodajas de tomate, una tortilla francesa con queso o pavo… Esas opciones serán preferibles respecto a embutidos altos en grasa. Si queremos añadir queso, uno fresco o un queso batido son las opciones más bajas en grasa aunque si adicionamos una ración moderada puede ser de otro tipo como el gouda o tierno.

 

Y ya sabéis: en un viaje es básico -sobre todo si conducimos- ir bien hidratados porque es muy fácil perder cantidades de agua corporal que pueden parecer ‘poca cosa’ y sin embargo convertirse en una pérdida de reflejos, una disminución de la concentración y una menor velocidad de respuesta ante una situación comprometida. Ni que decir tiene que de alcohol conduciendo nada, así que a disfrutar del agua bien fresquita, con gas o sin él. Y llegado el caso, que siempre se agradece, una cerveza sin alcohol. Suerte que tenemos, que España es el primer país productor y consumidor del mundo de la bebida de cebada sin alcohol. Quita la sed por sus finas burbujas de carbónico y porque es agua. Es menos amarga que la tradicional pero sigue conteniendo sus antioxidantes.

 

Así que… a disfrutar del viaje. El que conduce, los que le acompañan y sus arterias. Todos bien fresquitos y listos para la playa.