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Beneficios del ejercicio al aire libre

 

Hoy en día, nadie lo duda: realizar una actividad física es fundamental para mantener un óptimo estado de salud. Según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) deberíamos realizar al menos 150 minutos por semana de actividad física aeróbica como andar, correr, nadar, montar en bicicleta… esos minutos pueden ser la clave para darnos felicidad y placer y, de paso, ayudarnos a mantener nuestro peso. Aunque atención: los mismos expertos señalan que si lo que buscamos es bajar moderada y eficazmente de peso o mejorar algún parámetro (como por ejemplo el colesterol, los triglicéridos o la glucosa en sangre), no nos quedará más remedio que aumentarlo hasta 300 minutos por semana. Es importante en este caso añadir ejercicios anaeróbicos o de fuerza para no solo ‘quemar calorías’ sino también ganar masa muscular.

 

Todas las campañas de prevención basadas en la promoción de estilos de vida saludables, tienen presentes la importancia de realizar una actividad física desde edades tempranas. Sin embargo, un porcentaje importante de la población no realiza apenas ejercicio o solo lo practica de forma ocasional. Así, un 80% de las españolas y un 66% de los españoles realizan una actividad física por debajo de lo recomendable. Por cierto, según un estudio del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España que contó con 22.842 participantes, las personas inactivas tienen entre 2 y 4 veces mayor probabilidad de padecer patologías como la obesidad, diabetes, hipercolesterolemia…

 

Hay un punto clave para que no abandonemos rápidamente esa actividad física que un día nos lanzamos a practicar… y es que disfrutemos mientras lo hagamos. Si escogemos un deporte que no nos gusta o simplemente nos encerramos en un gimnasio o elegimos un deporte complicado de practicar, lo más probable es que simplemente acabemos dejando de ir. Desde luego, el mejor consejo es realizarlo al aire libre, lo cual es una excelente opción para despejarnos, liberar tensiones y el estrés acumulado del día, tomar el aire… Además, podemos aprovechar para realizarlo en compañía junto a nuestros familiares, vecinos, amigos, consiguiendo además convertir el ejercicio en una forma de relacionarse socialmente. Este grupo será, además, el apoyo que nos incitará a movernos vacunándonos contra la pereza.

 

Nada mejor para una actividad al aire libre que el verano, y mucho mejor a primeras horas de la mañana o a últimas de la tarde para evitar las horas de mayor calor que pueden producirnos una insolación, fatiga o mareos. Por ejemplo, podemos recomendar un ejercicio ‘muy de moda’ como es el «Nordic walking´´. Consiste en salir a andar a ritmo ligero / rápido con ayuda de dos bastones de senderismo, lo cual nos ayudará a trabajar más grupos musculares a la misma vez, y no solo las piernas, siendo un ejercicio más intenso y beneficioso para la circulación sanguínea de manos y brazos que el mero hecho de caminar.

 

Si surgen dudas, hay que recordar que los estudios avalan que lo preferible es realizar una actividad física moderada durante más tiempo, intercalando ejercicios de una intensidad mayor durante pequeños intervalos. También es útil practicar ejercicio aeróbico y parar varias veces para hacer ejercicios de fuerza o de musculatura y así alternar ambos tipos de ejercicio en un mismo período de tiempo. En todo caso, siempre se trata de que la actividad física que hagamos sea progresiva, adaptada a nuestras características personales y que no nos dañe… porque si nos lesionamos y tenemos que parar el ejercicio, no habremos progresado demasiado. En definitiva, el consejo destacado sería ‘practica un ejercicio que te divierta y que puedas hacer más tiempo en vez de uno muy exigente que te quite las ganas de repetir’.

 

¡Ojo!, hay que advertir sobre algunas prácticas (bastante usuales pero erróneas) que muchos realizan, como por ejemplo el envolverse en plástico para sudar más mientras se corre o se camina o comprar fajas ‘especiales’ de neopreno o similares. Definitivamente NO: usando estos ‘trucos’ no solo no adelgazamos ni eliminamos toxinas sino que estaremos contribuyendo a perder líquidos, aumentando el riesgo de deshidratación.

 

Hablando de la importancia de estar bien hidratados, es buena idea llevar siempre con nosotros una botella de agua para ir dando sorbos cada 15-20 minutos, además de haber bebido lo suficiente antes y después del ejercicio. Como muchos no quieren renunciar a una costumbre ancestral y sabrosa (sí, la famosa caña de cerveza después del partido o el paseo con los amigos), aquí tenéis un buen truco para disfrutarla igual pero con más beneficios: antes de la cerveza, quítate la sed con agua fresca. Así, si luego te apetece una cerveza la disfrutarás a gusto sin excederte de la dosis y estando bien hidratado. ¡Ah!, y  tomarte de acompañamiento un puñadito de frutos secos te irá de perlas para cuidar tu corazón y mejorar la absorción del agua que acabas de beber.

 

En definitiva, actividad física SÍ y a todas las edades pero siempre con sentido común y utilizando recursos adecuados a esa práctica. Y recuerda: una revisión médica antes de iniciarte es una magnífica idea.